Ciudadano del Mundo


El pasado martes, nuestro pequeño gurrumino, se dirigió hasta Azopardo para sacar su pasaporte.
Desde que nació, su intención fue disfrutar de la Tierra en toda su expresión. Para esto, necesitaba contar con las herramientas necesarias para poder desplazarse de País en País.
Y lograr ser un Ciudadano del Mundo.
Cuando llegó al edifico encargado de extender estos documentos, debió dirigirse al sector para “Mayores de 70 años, personas con movilidad reducida, embarazadas y bebés”.
Un lugar con Tratamiento Diferencial.
Primero pensamos que el mismo se debía a contar con un sitio más cómodo, con una atención más amable y con cierta agilidad a la hora de los trámites.
Olvídense, es tan incómodo, lento y con gente 100 % antipática, como en el otro sector.
Ahora que lo pienso, el Tratamiento Diferencial puede estar marcado por pequeñas y casi irreconocibles diferencias. Quiero decir, los empleados no son gente aburrida de su trabajo o personas cansadas de atender a clientes que se quejan y los insultan por la ineficiencia del lugar. Tal vez, sólo sean individuos que tienen tan pocas ganas de vivir que se lo transmiten a sus caras, sus movimientos y al resto de los mortales.
Igualmente, logramos terminar el trámite y Mati vivió su primera aventura en el “Mundo de la Burocracia Estatal”.
Sólo falta mencionar lo más complicado del sistema. Esto fue: poder hacer que salga bien la huella digital (la electrónica) y poder mantener a Matias con la cabeza en alto y viendo hacia su izquierda, para la foto. Lo importante es que estamos cubiertos por 5 años.

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